Elmer Mc Curdy: El Bandido que nunca se entregaría vivo

Elmer Mc Curdy era un bandido del oeste. Un bandido como hemos visto tantas veces en las películas. La particularidad viene después, y es que es comúnmente conocido que Elmer fue mas famoso muerto, que vivo.

 

Nace en 1880, en lo que hoy llamaríamos “una familia disfuncional”, aunque quizás (no tenemos información suficiente al respecto) no infeliz. Era fruto de un embarazo adolescente, y fue adoptado por quienes realmente eran sus tíos, aunque esto él no lo supo hasta tiempo después. Pronto empezaron los problemas. Tras la muerte de su verdadera madre (que él había considerado siempre su tía) y su abuelo, comienza un largo historial de alcoholismo, vagando por el mundo como un digno personaje de los hermanos Coen.

 

Es encarcelado por primera vez en 1907, al ser encontrado con “herramientas de ladrones”, no sabemos tampoco si esas herramientas pensaba utilizarlas, pero lo que si es cierto es que en esa corta estancia entre rejas comienza a tener relación con delincuentes habituales y en ese momento comienza su historial delictivo, formando parte de varios grupos de forajidos. Con uno de estos grupos, formado por el propio Elmer y dos bandidos llamados Hayes y Sears, idearon asaltar el tren que transportaba los pagos de los indígenas, y así, el 4 de octubre de 1911, tras conseguir la “colosal” cifra de 46$ dólares de botín (ellos pretendían un botín de miles de dólares), fueron alcanzados por la policía y tras una corta búsqueda, Elmer es alcanzado y muerto mientras dormía con parte del exigüo motín.

 

Hasta ahí va la primera parte de su vida. Una vida que en aquellos primeros años del siglo XX no se diferenciaba demasiado de la de otros de su condición y sus circunstancias. Es en este momento cuando la historia se torna en cuanto menos, bastante rocambolesca: Quizás fuera porque como bandido abatido por la policía no esperaran que nadie fuera a reclamar su cuerpo, quizás porque el propietario de las pompas fúnebres quería sacar un “dinero extra” a costa del pobre Elmer, o quizás porque vio una ocasión única para practicar su afición al embalsamiento, lo cierto es que a base de una solución de arsénico le embalsamaron y le pusieron de pie en una esquina de la tienda, cobrando una módica cantidad de dinero a quien quisiera ver “el bandido embalsamado” (sí, esas cosas ocurrieron, una vez, no hace tanto tiempo). Algún autor señala incluso que la moneda para verle se la deslizaban por entre los labios, aunque no podemos confirmar este hecho (y yo personalmente, preferiría no hacerlo). Allí, como parte del mobiliario de la casa de Pompas Fúnebres, permanece cinco años, hasta que un día, en 1916, dos empresarios que se dedicaban al lucrativo negocio de exhibir gente con “determinadas características”, se hacen pasar por sus hermanos, y se llevan el cuerpo, con la excusa de darle sepultura. Nada mas lejos de su intención. incluyeron el cuerpo de Elmer en su programa de variedades, y lo exhibieron durante sesenta años, de espectáculo en espectáculo, y de estado en estado. Tras muchos avatares, que incluyen incluso la aparición en alguna película y en la publicidad de alguna otra, en 1971, fue entregado a un museo de cera (donde aparecía como muñeco de cera, no como cuerpo embalsamado), e incluso en la Casa de la risa de un parque de atracciones, donde aparecía como un hombre ahorcado.

 

En 1976 lo venden a los Estudios de la Universal, y mientras proceden al rodaje de “ Six Millior dollar man”, un operario se fija en la figura de este “anciano arrugado” que colgaba de una soga, y al soltársela, cae a sus pies algo parecido a la parte inferior de sus extremidades inferiores, de la que parece sobresalir un hueso. El cuerpo es llevado al forense, determinando que efectivamente se trataba de un cadáver humano, y tras una larga investigación, determinan la identidad del cuerpo, averiguando que se trataba del pobre Elmer. Finalmente, el cuerpo es enterrado, esta vez para siempre, en abril de 1977. Es curioso señalar, que pusieron encima del ataúd un metro de hormigón para que nadie tuviera tentaciones de robar el cuerpo.

 

Elmer Mc Curdy ya había andado bastante por ahí.