Frances Glessner Lee : La muerte en miniatura

Frances estaba llamada a convertirse en una matrona estadounidense mas propia de las novelas de Henry James que de Agatha Christie. Desde su posición “estrictamente femenina” (pónganse todas las comillas al calificativo) conjugó, a través de sus escenarios del crimen en miniatura o dioramas, lo bello del mundo, de su mundo de rica heredera, con lo peor que el mismo puede ofrecernos, a través del estudio del crimen, y sus motivaciones. Estamos ante una inquietante y a la vez extraordinaria colección de veinte pequeños escenarios, en las que se muestran escenas de muertes violentas en un escenario en el que bien pudieran haber ocurrido (aunque no fue así, los casos son reales, pero los escenarios son recreaciones, sin que este dato reste un ápice de verosimilitud).

 

Glessner Lee, mezclando a partes iguales el talento, la destreza y una paciencia de dimensiones bíblicas , elabora cada una de las escenas llegando a utilizar utensilios de dentista, para poder recrear hasta el mas pequeño de los detalles (pequeñas medias, colillas,…). Pero, ¿quién fue Frances Glessner Lee? Fanny (tal y como era conocida en el ámbito familiar) fue, sobre todo, una mujer extraordinaria. Hija de una rica familia de Chicago (la fortuna familiar provenía de International Harvester, una próspera empresa de maquinaria agrícola) tenía vetada la entrada a los Estudios Universitarios en razón de su sexo, mostrando un enorme interés por la medicina forense, que por supuesto, su familia intentó aplacar. No tuvieron demasiado éxito, porque en 1930, tras la muerte de su único hermano y sus padres, y convertida en heredera de la fortuna familiar, entra en la facultad de Harvard a la edad de 52 años. Durante su infancia, fue educada en casa junto a su hermano, en una mansión del centro de Chicago (hoy convertida en museo), diseñada por el arquitecto H.H. Richardson y calificada en ocasiones como un ejemplo de arquitectura “patológicamente privada” (a pesar de la indudable belleza del edificio, desde fuera es una especie de cárcel, rodeada de altos muros de piedra). Es fácil adivinar que Fanny y su hermano no tuvieron demasiado contacto con el mundo exterior, conjugándose este dato con la afición que desde pequeña tuvo a las recién salidas novela de Sherlock Holmes (cuando Conan Doyle publicó la primera novela de la serie, Frances contaba con nueve años). De ahí, pasamos a un matrimonio concertado con un hombre al que apenas conocía, que tras dieciséis años y tres hijos acabó en divorcio. Una vida que ella en ocasiones calificó de “solitaria y bastante terrible”, hasta que tiene la oportunidad de dedicarse a su verdadera pasión y convertirse en pionera de un terreno hasta ese momento vetado a las mujeres.

 

Pero los pioneros cuentan la mayor de las veces con inestimables ayudas, y en este caso fue fundamental el apoyo de uno de los amigos de su hermano, y en la época Responsable Médico Forense en el condado de Suffolk, Massachusetts, el reputado doctor ,George Burgess Magrath. Una de las labores de Magrath era realizar informes sobre las causas y circunstancias de determinados casos sin resolver. Y es entonces cuando se les ocurre la idea de los dioramas, convirtiéndolos en un “escenario cerrado” sin posibles elementos extraños a la investigación, y que haría mucho mas fácil para los investigadores centrarse en los pequeños detalles que aclararían lo ocurrido.

 

Junto a Magrath, establece la necesidad de seminarios periódicos para los miembros de los diferentes cuerpos de policía implicados en la resolución de los casos, y sus dioramas se convierten en instrumentos docentes. Instrumentos docentes aún vigentes, para la policía de Baltimore, y para la propia universidad de Harvard, que realiza seminarios periódicos.

 

En los seminarios no se trataba de saber “quién” había sido, sino de ser capa de averiguar lo que había pasado, si había sido accidente, homicidio, o suicidio. En su último diorama, el único que está sin terminar, “The Swedish Porch” Frances hace una recreación de su propia casa, de una habitación en la que a ella le gustaba estar. La recreación es perfecta, pero, falta el cuerpo ¿casualidad?

 

Maria G. Valero